lunes, 21 de julio de 2008

Ayer llegué de Portugal con el tiempo justo de soltar el atillo, darme una DUCHA de verdad y estar comiendo pulpo romano a la gallega en la Catedral Vieja en una feria romana con Pedro Eva y Laura ¡Lo que se aprende en estas fiestas! Los euros ya circulaban y además los precios de la época eran altísimos ¡y nos quejamos ahora de la inflacción!
El viaje ha estado muy bien pero algunos campings portugueses son una guarrada. Qué mal he llevado eso de los wáteres con indicios de haber sido usados anteriormente. La ducha, sólo lo imprescindible, claro que como estaba casi todo el tiempo de playa en playa la ducha era prescindible.

El martes al llegar al Algarve me desvié por la primera carretera que encontré en dirección a la playa y por el camino me encontré con un pueblo con un castillo enorme, así que me paré a turismear. Desde luego eso de ver piedras viejas debo llevarlo grabado a fuego, porque anda que no me he tragado de menino viajes de piedra vieja en piedra vieja, creo que he visto todas las de España y parte del extranjero. La cosa es que ahí me vi, viendo un castillo del año de la Narda. Menos mal que rápidamente salí del trance y seguí camino hasta que me di contra la playa de Cacela. Para mi sorpresa no estaba llenísima de gente, la justa para estar entre humanos y no pisarse las toallas. Qué gustazo!
Era mi primer día de autismo forzoso. Resulta que no sé portugués, pero no es gran problema porque se entiende perfectamente y además mucha gente sabe español. Cuando vuelva intentaré saber algo, por lo menos que se me pegue el acento, que luego la gente de aquí espera que por lo menos sueltes algo que medio suene a luso.

Foto de la playa de Cacela:

Antes de llegar al agua se pasa por unas dunas con unos hierbajos propios de las playas con dunas que le da aspecto de sitio con muita natureza natural.

Por la noche me acerqué a Faro. Me siento en una terraza frente al puerto, donde te cobran la cerveja más cara de Portugal (cuatro veces más que la misma cerveja en cualquier otro bar portugués). La vista muy bonita pero lo mejor es saludar a los pasajeros de los aviones que aterrizan 20 metros más allá.


Bueno después del primer baño portugués seguí camino hasta que encontré un camping.

Estaba en Olhao. Al día siguiente me fui a dar una vuelta por el pueblo. Todo es como antiguo, el pueblo, el puerto pesquero, las casas, la gente.





Me busco otro camping y llego a Aljezur. Más playa.

Voy lo más al norte del Algarve, a la playa de Odeceixe, se bajan mil millones de escalones de madera y se llega a la arena de una playa nudista con el agua fría de cojones que se te encoge todo.
Luego más playa, Vale dos Homens:



Al día siguiente más playa, recojo velas y salgo. me acerco al pueblo más próximo y paso cerca del cementerio. Decido entrar. Lo veo desde la puerta y es un cementerio donde a los muertos los entirran de verdad, en la tierra, sin nichos. ¡Tumbas de verdad, cada una con su cruz, su lápida y la foto del muertecito! Vuelvo al coche y cojo la cámara.

Hay un hombre que coje sus herramientas: el pico y la pala ¿el enterrador?

Lo que pasó luego aperplejome.





¡Un profanador de tumbas!



¡Qué fuerte!



Después de aquello me fui a la playa.



Al día siguiente vi el Cabo San Vicente.


Y a los turistas

Otro día y más playa, un paseo de un playa larguísima con una niebla que no dejaba ver a tres palmos, dos horas de caminar sin nadie a la vista, solo los mariscadores entre las rocas que aparecían cuando te acercabas, cruce de saludos. Sensación de estar solo de verdad, de autismo profundo y de frío. Me voy.



Salgo en dirección a Lagos a tomarme unas cervejas. Doy un paseo por la ciudad.


Otro día y estoy en Vila do Bispo veo. otro cementerio del mismo tipo que el de Aljezur.

Por curiosidad me acerco y no me lo puedo creer:






No es que me gusten los cementerios ni los entierros ni las profanaciones, pero son cosas que pasan cuando cazoleteas por los rincones.

Nuevo día y otra ciudad. Entro en Portimāo. No me gusta y me vuelvo para España. Al salir me pierdo en una carretera secundaria que no está en el mapa, llego a un pueblo al que no quería llegar: Alvor, una especie de urbanización cerca de otra playa. Estoy harto de tanta playa, intentento salir del pueblo y me meto en una calle que me lleva rirectamente al cementerio. Entro aunque no quería ir a más cementerios. El guardián, un hombre negro, me mira con desconfianza sin decir nada, le saludo y no me contesta. Hago fotos sin ganas y me voy.

Llego a casa.

2 comentarios:

román ríos dijo...

Me ha encantado el resumen de Portugal... pero he de decir que el del Rocío es inmejorable (yo que lo viví contigo doy fé de que todo lo que dices es cierto), ya sé que acordarme ahora del Rocío está un poco pasado pero macho es que yo no había sido informado de tu andadura bloguera. A partir de ahora te tendré más controlado.
Por cierto lo tuyo con los cementerios te lo vas a tener que mirar...

Pau dijo...

Interesantísimo viaje.... qué fuerte lo de ese esqueleto en la tumba. A mí también me gusta hacer fotos en los cementerios y tengo alguna bonita, los cementerios de Portugal son los mejores. En Alvor trabajé yo, mi primer trabajo, en Torralta, las torres estas impresentables de los años 70. Resumiendo, me ha resultado interesantísima tu crónica.
:)